Me hablaron en clase del perro de Pávlov y ahora sé lo que sentía al oír la campana. Esta pasando, se me sienta al lado, con mascarilla, y aún a un metro de distancia le miro, él me mira. Los dos sabemos que es pronto, y ala, a salivar.
Avanzamos fase, ya podemos quedar en terrazas, y aquí y allá florecen sillas y mesas mojadas. ¡Malo será!. Quedamos, por fin quedamos, y nos vemos las caras, al menos una parte de ellas.

El siete de Marzo, en el 51 de campo castelo, di mi último beso. Le empotré contra esa vieja puerta que conozco tan bien, contra su hoja izquierda concretamente. Tienes que tener cuidado, porque si le apoyas en la derecha, le clavas el picaporte en el culo, y claro, se acaba la magia, joder.
Vaya empujón me soltó Andrés aquella vez, cuando le intentaba comer la boca, después de meterle fichas toda la mañana. Fue salir del concierto en el bar de al lado y atacarle. Le toqué con mi lengua sus encías, y después mordisqueé sus labios, con tiempo, con ganas, me gusta besar. Mi lengua en su boca, rozándome contra su acné. Miradme, me pongo con solo pensarlo.

En esto de la atracción hay algo químico, muy personal, conmigo tiene que ver con los sabores, con los olores. Lo comprobé bien clarito con aquel tío, el pasado verano. Vaya bajonazo pillé. Al final del campamento, conseguí enrollarme y besarle …¡qué asco me dio!. El tío más bueno de todo el albergue, el pico y pala que le metí, y todo para nada.
Repasemos, acabo el curso, un aprobado general gracias al virus, sin saber qué va a pasar con mis notas. Tranquilo, total, me tocó la ABAU de la pandemia. Todo el mundo me decía que me jugaba mi futuro en este examen, cada vez me lo dicen menos, y yo cada vez lo tengo todo menos claro.


Paso la mañana estudiando, o haciendo que estudio, y la tarde igual. Pero a las seis, a las seis salgo de casa. Así dejo de oír a mi padre, con lo de que soy un vago, y me siento otra vez yo, con mi ganga.
Adolescente, exámenes en el aire, futuro incierto, gay sin pareja, y con lo del virus ¡carallo!, me lo están poniendo difícil otra vez. Antes salía de casa con el preservativo y el dni en la boca, pero ahora, con eso que dicen que el bicho está sobre todo en saliva y heces… Esto es peor que echar un fornite con 300 de “ping”.

Practico el autoerotismo, como me dice Liz, mi médico del centro de salud, cuando me pregunta como lo llevo, y yo le digo que sí, vamos que me pajeo, y que esta genial, que no hay problema. Pero a mí, lo que me gusta es besar, en serio, besar, lamer, chupar, eso es lo mío. Tengo el “flow” en los labios, y con la dichosa mascarilla nadie se da cuenta.

Ahora mismo él tampoco los ha visto, pero no ha hecho falta. Es de otro instituto y no me había fijado mucho, la verdad. Pero cuando se sentó a mi lado, y pedimos para todos, ya no tenía dudas. Le he enviado mi solicitud en “insta” y la ha aceptado, con un guiño de propina. ¡Esta buenísimo!. Tengo ganas de que pase la selectividad, de que pase todo esto. Ya noto el tacto áspero de la pintura desconchada en mi espalda, añoro esa puerta, anhelo besar.

Miguel Francisco Rodríguez Piñán. Médico de familia y Sexólogo promotor de la salud sexual.  Trabajando en educación sexual desde    “Otero Piñán”. 


Rafael Sotoca

Rafael Sotoca es médico especialista en medicina familiar y comunitaria en ejercicio en Valencia. Es secretario de la Junta Directiva de Médicos Sin Fronteras España y representante en la Asamblea General Internacional. Es master en salud pública y gestión sanitaria. Ha sido director general de asistencia sanitaria en la Generalitat Valenciana, miembro del gabinete de la Ministra de Sanidad del Gobierno de España.

0 commentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

RSS
Follow by Email