Miguel Francisco Rodríguez Piñán. Médico de familia y Sexólogo promotor de la salud sexual.  Trabajando en educación sexual desde ‘Otero Piñán’

Da igual el tiempo que haya pasado, me vuelvo reír. John Clase, imparte su clase de educación sexual a un aula llena de pimpollos adolescentes, en un tradicional internado británico. Solo de contarlo me rio otra vez, con su imposible performance de enseñanza vicaria de un coito. Si me estás leyendo aún, y no eres un millennial, seguro que sabes de que escena del “sentido de la vida” estoy hablando.

Creo que podemos hablar de aprendizaje social o vicario como aquel que pone el énfasis en cómo viendo el comportamiento de otras personas, podemos asimilar o adquirir diferentes conocimientos o actitudes. En la sexualidad no es diferente, y debemos de pensar qué educación sexual queremos para nuestra infancia, para nuestros jóvenes. Y por supuesto, aunque cueste, intentar ponernos a ello.

Cuando me acerco a un cole, o a un instituto, en el que hemos impartido alguna charla de sexo, y después tenemos oportunidad de compartir con los padres, casi siempre la sensación inicial es la misma. Existe una enorme inseguridad. Hablamos de miedos, pero también de oportunidades.No hace falta ser policía ni nutricionista, para cruzar con ellos un paso de peatones con el muñequito verde, ni al tomar juntos una pieza de fruta, hablarles de lo importante que es comer adecuadamente para su salud. Para hacer educación sexual con ellos tampoco hace falta ser sexólogo, por supuesto que no. Como padres y madres, podemos y debemos creo, también hablar de sexualidad a nuestros retoños. La educación, o más bien la mala educación sexual les llegará inevitablemente. Aunque quisiéramos que nuestra hija, nuestro hijo, viviera en una urna de cristal, en el fondo sabemos que eso, aparte de poco conveniente, tampoco es posible.

La “desinformación” sexual alcanza a nuestros jóvenes de maneras que apenas sospechamos como padres. La revolución de la sociedad de la información, con el acceso a la misma desde dispositivos móviles, ha creado una nueva necesidad de educación sexual que debemos afrontar. Si miramos hacia otro lado, el tren de la “deseducación”, de la pornografía, los atropellará. Vivimos en una sociedad, en la que parece, se vende a nuestros jóvenes que pueden aprender a tener relaciones sexuales viendo porno. A edades cada vez mas tempranas, con una visión distorsionada de la realidad y en la mayoría de los casos degradante, en cuanto a cómo se representa a la mujer.

Cuando hablamos de este tema a los escolares, ya en primaria, nos entienden perfectamente. Ponemos el ejemplo de películas tipo “Fast & Furious”, y a todo el mundo le parece una locura decir que pueden conducir con solo verlas, asumiendo que correrían un gran peligro, si pretendieran manejar un coche con esa información. Pues bien, tampoco así, les contamos a ellos, otras ficciones como son los videos porno te van a enseñar a tener relaciones sexuales. Es más bien todo lo contrario, el choque con la realidad, creará mitos y falsas creencias que desembocaran, en no pocas ocasiones, en disfunciones sexuales y asistencia profesional.

Somos seres sexuados desde que nacemos hasta que morimos, y así lo peor de una mala, nula, o distorsionada “formación” en este aspecto, no es lo que nos sale a bote pronto a cualquier progenitor preocupado. No, no son los embarazos no deseados, ni siquiera las enfermedades de transmisión sexual. A mi entender, la consecuencia negativa más importante es la infelicidad que puede provocarnos. La posibilidad de llegar a ser personas inmersas en falsas creencias de nuestro placer, sin habilidades comunicativas, y sin actitudes empáticas, que corren el riesgo de ser atravesadas por relaciones afectivas y sexuales no satisfactorias. Personas, en muchas ocasiones esperando algo que no es real, sino una ficción, como lo que han visionado tantas veces, en pequeñas pantallas, sin ningún apoyo crítico, sin generar ninguna reflexión.

Una adecuada educación sexual debe partir de verdaderos conocimientos científicos sí, pero aún más importante es construirla desde el respeto, aceptando la autonomía en las decisiones, poniendo en valor la enriquecedora diversidad, y basándonos en una profunda reflexión sobre la igualdad de género. Todo desde un enfoque positivo, la educación basada en el miedo, no genera mas que nuevos miedos, y encima se ha demostrado ineficaz. La educación sexual comienza con la educación de los afectos, y en eso las madres y los padres podemos ser especialistas. Desde el primer y el último beso dado a nuestro hijo, desde nuestras palabras de ánimo y cariño continuo a nuestras hijas, somos modelos diarios de afecto, referentes cotidianos de una sexualidad real, diversa, positiva, e imperfecta. La buena noticia es que ya hemos comenzado todos a realizarla, simplemente hagámoslo conscientemente, sabiendo el qué y para qué lo estamos haciendo. Su felicidad merece la pena.


Rafael Sotoca

Rafael Sotoca es médico especialista en medicina familiar y comunitaria en ejercicio en Valencia. Es secretario de la Junta Directiva de Médicos Sin Fronteras España y representante en la Asamblea General Internacional. Es master en salud pública y gestión sanitaria. Ha sido director general de asistencia sanitaria en la Generalitat Valenciana, miembro del gabinete de la Ministra de Sanidad del Gobierno de España.

0 commentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

RSS
Follow by Email