La muerte de George Floyd bajo la rodilla de un policía ha prendido la mecha de la conciencia social sobre el racismo; no era la primera vez, son muchos los afroamericanos en situación de indefensión muertos por la policía. Sin embargo, ha sido la dramática muerte de Floyd la que ha desencadenado una ola de protestas en todo el mundo. No es casualidad: la incertidumbre, el miedo y la situación económica han sensibilizado a la población y, mientras unos responden protestando frente a una muerte injusta, con tinte racista, otros practican la fobia, cualquier tipo de fobia vale 

Me contaba una amiga de Alicante que algunos madrileños preguntaban por las paradas de metro, no sé si es una leyenda urbana de tantas o una forma de decir que para los madrileños, el dicho “de Madrid al cielo”, era cierto y como su tierra nada, aunque llegaban y llegan a miles, plantan sombrilla y delimitan territorio. Pero de ahí a la madrileñofobia me parece excesivo, al fin y al cabo, muchos de nuestros pueblos costeros, excepto Benidorm, entran en hibernación en cuanto llega octubre para disgusto de comercios, hoteles, restaurantes y demás negocios. 

Fobia al veraneante

Parecía que la vuelta a la normalidad alejaba la fobia al veraneante que adelantaba sus vacaciones saltándose el confinamiento, o el bochornoso espectáculo del autobús repleto de ancianos apedreado en un pueblo del Sur. Pero no, parece que cada fase tiene sus fobias, ahora le toca al turista madrileño, a un grupo de migrantes jóvenes ocupantes de un piso -para el alcalde no es un ataque racista, es contra presuntos delincuentes- y esto, según parece, justifica tomarse la justicia por su mano: delaciones, recriminaciones, pedradas. 

Fobia a los mayores

La fobia se ha instalado también en las residencias de ancianos, sus vidas han dependido de decisiones arbitrarias. Algunos han tenido la suerte de contar con una directora que bajo amenaza de avisar a las familias, consiguió trasladar a los afectados al hospital. Nuestros ancianos han sido marionetas y a la hora de pedir responsabilidades tal parece que no había nadie detrás moviendo los hilos. Exigir responsabilidades, y cambios es una obligación moral de la ciudadanía.  

Pero no nos engañemos, la mayoría hemos estado en alguna ocasión en estas residencias y hemos visto el panorama: ancianos con la mirada perdida frente a la televisión, personas válidas al lado de otras con sus capacidades ya muy mermadas y ese olor nada más traspasar la puerta de entrada que se te introduce hasta el cogote. Y te engañas, necesitas hacerlo, tu situación ya no te permite cuidar de la abuela en casa y lo que no consentiríamos en la guardería de nuestros hijos, lo pasamos por alto en el geriátrico de la abuela. Ahora nos damos cuenta del desprecio, de la indignidad rayana en la fobia con la que hemos tratado a los ancianos.  

Pedimos fortalecer la sanidad pública, el tejido productivo, crear el IMV, pero nos olvidamos de que el 71% de las residencias son privadas. El negocio de los ancianos es muy rentable, que el mayor porcentaje de muertes se produjo precisamente ahí, que muchos ancianos fallecieron sin su familia al lado, abandonados a su suerte, triste final. Urge revisar la situación de los mayores en las residencias y cambiar un modelo que atrae a inversores sin escrúpulos, con la vista puesta en la cuenta de resultados más que en el bienestar de las personas y en garantizar unas condiciones laborales dignas. Lo menos que podemos hacer por las personas mayores es devolverles la dignidad que les hemos arrebatado. 

Aporofobia

Esta pandemia ha revuelto muchas aguas, nos ha sacado de nuestra zona de confort y nos ha hecho reflexionar. El mundo, la sociedad, deberán cambiar. Es necesario y posible un mundo inclusivo, donde no tengan cabida la xenofobia, el racismo, la homofobia… una sociedad más cooperativa y menos utilitarista, capaz de dar y recibir, pero también de no dejar en la cuneta al que no tiene nada que ofrecer, al pobre, otra forma de fobia, la aporofobia (A. Cortina. Aporofobia, rechazo al pobre) 

Las fobias, en sus diferentes formas, nos hacen peores como sociedad. Durante estos meses estamos viendo como afloran, algunas son contestadas, otras se van propagando y sus consecuencias son imprevisibles. Está en nuestras manos tratar de  evitar comportamientos fóbicos.  

Hemos relegado la Filosofía a materia optativa, la Educación para la ciudadanía, donde existe, se ha convertido en una “maría” más y la sociedad, importante en la educación, tampoco es un ejemplo y para muestra, algunos de nuestros representantes políticos que han hecho bandera de la xenofobia.  Con estos mimbres será difícil construir una sociedad cuyos pilares sean la inclusión, la cooperación, la solidaridad, la compasión y el altruismo. Una sociedad de filias y no de fobias, de más Aristóteles y menos videojuegos. 

Como escribió recientemente Najat el Hachmi “..No se pregunten ustedes por la brutalidad policial [….] pregúntense por qué ni siquiera la fuerza del cuerpo doblegado de sol a sol sirve para ganarse la consideración de ser humano”. Mientras no haya un mutuo respeto a la dignidad de las personas no dejaremos atrás la xenofobia, la aporofobia, la homofobia, el racismo…Tenemos mucho trabajo por delante 

Catalina Álvarez Insúa escribióLos pobres son los que tienen la puerta cerrada. En nuestras manos está abrirla. 


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