Siendo el año de dios vuestro señor de 1020, mil arriba, mil abajo. Justo antes del solsticio. Bajo el reinado de la dinastía de los de Eliotnes.  

Acompañaba yo como pupilo al gran Fray Guillermo de Baskerville en la misa mayor. Este, se frotaba los ojos incrédulo. Escuchaba las palabras de monseñor en el altar de aquella soleada ciudad mediterránea. Eran los días del azote de la peste. El mitrado, desde su trono, revelaba cómo el demonio estaba detrás de los nuevos bebedizos que se preparaban para la cura del mal que a tantos mataba en aquellos días oscuros. Miles morían, también en otros reinos vecinos, pero en ninguno como en el nuestro, donde las mujeres habían diseminado el mal a propósito meses atrás.  

El arzobispo les alertaba de los peligros de las pócimas que fabricaban los cirujanos barberos inspirados por el maligno con los cuerpos aun calientes de los nonatos. Herejía. “Muchos deberían arder por esto”, dice el abad en voz baja asustando al monaguillo que se le arrejunta mucho mientras escucha atónito el sermón. El incienso de la catedral, tan aromático como alucinógeno, le trae al pequeño la imagen de la cabra haciendo mejunjes en una impoluta cocina blanca, llena de tubos, humos y matraces. Ayudantes vestidos de blanco, cubiertas las bocas y las manos, miran por lentes extrañas y aúllan felices por la obtención del elixir maligno.  

“Herejías sin duda inspiradas por el mismísimo belcebú, que habrá que ver a quien se quema por esto en la plaza, que tamaña cosa no puede pasar sin a alguien asar”, dice el cuñado del arzobispo, mientras explica cómo los pobres se aprovechan de los humildes ricos robando cuanta miga cae de sus mesas, exigiendo un ingreso de migas mínimo vital que les convertirá en ociosos holgazanes amigarrados.  

“Si llegaran los bubones a mi casa no habré de darle yo semejante veneno a mis hijos, mejor que alcancen la gloria divina que darles brebaje del diablo”, le explica el piadoso comerciante de cacerolas al alguacil al terminar el sermón. Caminan juntos mientras se cubren la boca con paños verdes que diz que protegen de los malos humores, atiborrándote de ellos.  Mientras este le responde entre risas “Qué bien hiciste prohibiendo a tu esposa salir a caminar con las otras mujeres a principios de marzo. Que ya se sabe que solo hacen que cosas del demonio las mujeres que caminan juntas, pudiendo llegar cualquier día a querer ser obispas” .  

Oigo a la salida de la misa, en el mismo atrio, lo que es la comidilla en los corros de la gente de bien de la ciudad. Lo que se cuenta del viaje del duque de Fernán Díaz, otrora valido del rey y piadoso caballero, de su visita al mismísimo Papa de Roma. Parece que su santidad Benedictum el sexto, diez arriba, diez abajo, le ha revelado al principal que Las Españas serían destruidas por el mismo diablo que hace pócimas en otro horario. Pero no el ángel caído, ni satanás, ni siquiera belcebú insiste Benedictum en boca del duque, el diablo, el mismo diablo, que es muy cuco y siempre sale con el truco, del futuro colorado, colorín. Si sigue así yo se lo voy a decir.  Y así lo hizo, pues el Papa le informó con detalle de la clarísima intención del diablo de destruir las Españas.   

«Las Españas, nuestras aliadas siempre en cruzadas y caenas, en palios y hogueras», diz que dijo el Obispo de Roma. El Papa reveló al duque de Fernán-Díaz que, a pesar de sus esfuerzos e inquina, el diabolo, no conseguiría su propósito, gracias a la 4 reglas mágicas que este le entregaba para que fueran practicadas por los mucho españoles, y los muy españoles.  

Nos no consentiremos que se rompa la alianza, tan popular, que nos une para proteger a los españoles, y españolas, de la modernidad, del progreso, de la cosa esa que dicen ciencia, y que solo vale para curar la peste y vaciar los cielos de clientes. Que maten 6 toros y 5 urogallos para celebrar este pacto sagrado.  

Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado. 


Rafael Sotoca

Rafael Sotoca es médico especialista en medicina familiar y comunitaria en ejercicio en Valencia. Es secretario de la Junta Directiva de Médicos Sin Fronteras España y representante en la Asamblea General Internacional. Es master en salud pública y gestión sanitaria. Ha sido director general de asistencia sanitaria en la Generalitat Valenciana, miembro del gabinete de la Ministra de Sanidad del Gobierno de España.

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