Una década de recortes y privatizaciones sanitarias

Hay que ver cómo cambian las cosas por momentos. Ayer tarde, sentado en la terraza, intentando refrescarme un poco, en cuanto me quise dar cuenta había anochecido. Tuve la sensación de que faltaba algo en el ambiente. No sabía qué, hasta que caí en la cuenta: los aplausos. Efectivamente, eché de menos esos aplausos que nos han acompañado durante meses, y que ya se habían convertido en un sonido habitual en nuestras vidas. Pues nada. Ni siquiera el sonido de las cacerolas que también se había hecho familiar una hora más tarde de los aplausos. De repente lo que ya se escucha es el ruido habitual de los transeúntes, las carcajadas de los jóvenes, el jolgorio de las terracitas repletas de gente, etc. Pensé “claro, estamos en la nueva normalidad”.

         Lo que espero fervientemente es que la nueva normalidad no se convierta de nuevo, valga la redundancia, en la antigua normalidad y regresemos a las inercias y actuaciones negativas que han cebado estos últimos años sobre el sistema público de salud. Los recortes sanitarios de todo tipo, y las privatizaciones hechas con la excusa de la consecuente ineficacia del sistema público de salud lastrado por dichos recortes, han puesto de manifiesto la debilidad de nuestro sistema público de salud durante la pandemia de la COVID-19 que, no olvidemos, aún estamos padeciendo.

Los profesionales sanitarios

Esta pandemia nos ha pillado sin que el sistema hubiera recuperado siquiera la situación previa al comienzo de la crisis económica del 2008. La escasez de medios, la falta de financiación suficiente, la disminución de RRHH, etc, han supuesto un test de estrés del SNS frente a la pandemia. Este test se ha superado tan sólo por el enorme sacrificio del conjunto de profesionales sanitarios que se han dejado algo más que la piel, incluso la vida, por atender a sus conciudadanos en terribles circunstancias para su salud.

Sólo hay que ver las diferencias de contagios entre los trabajadores y trabajadores del sistema de salud y el resto de la ciudadanía. Un total de 52.500 contagios en fecha de 3 de julio (63 de ellos fallecidos). El 21% del total de contagios en España. Algo más del 50% pertenecientes a centros sanitarios y algo menos del 50% a trabajadores de centros sociosanitarios; fundamentalmente residencias. Y sólo un 15% de ellos parece ser que se han producido fuera del ámbito laboral.

¿Quiere eso decir que el personal sanitario está poco preparado? Al contrario, está muy preparado, pero también muy concienciado acerca de su responsabilidad y su profesionalidad, ya que, pese a no disponer de suficientes medios de protección, han cumplido con su deber arriesgando su vida y la de sus seres queridos cuando volvían exhaustos a sus domicilios. En ningún momento se han echado atrás abandonando su sagrado deber, protegiéndose con lo primero que encontraban a mano con la inventiva que nos caracteriza (mascarillas de bricolaje, gafas, bolsas de basura, etc), pero que visto el volumen de bajas entre el colectivo, resultaron a todas luces insuficientes.

Hasta que los gestores reaccionaron para comprar en mercados internacionales los equipos de protección necesarios, pasó un tiempo precioso para atender con seguridad a los incontables pacientes de diferentes grados de gravedad que comenzaron a inundar los centros sanitarios de todo el país, llegando al colapso en alguna ocasión, sobre todo en la CCAA de Madrid y de Cataluña.

        Prepararnos para el futuro

Voces autorizadas, predecían desde hace años que alguna pandemia tendría que aparecer en breve precisamente por la globalización y la bonanza económica. Pese a esas voces, poco se hizo por mantener un stock de material suficiente para hacer frente a una primera oleada de una temida pandemia que, finalmente, apareció. Ni siquiera tras los sustos previos y recientes del SAR-CoV, el MERS-CoV y la Gripe A.

         Durante el transcurso de la primera oleada de esta pandemia, han surgido por todas partes voces, no sólo de particulares que vivían en sus carnes o en las de sus familiares y amigos enfermos nuestras precarias condiciones de trabajo, sino de todo tipo de organizaciones (políticas, profesionales, sindicales, etc) reclamando el fortalecimiento del sistema público de salud y el fin de las privatizaciones además de recuperar lo privatizado.

         Una buena señal de que este clamor no cae en saco roto, sería comenzar por abolir de una vez la Ley 15/1997 de Nuevas Formas de Gestión de la Sanidad Pública y  aprobar una legislación que blinde la gestión pública de la sanidad.

         ¿Y qué tal si para antes de que se enfríen las buenas intenciones se completara lo anterior con un primer paquete de medidas? Financiar de forma suficiente el SNS, reforzar los mecanismos de coordinación en salud pública y dar el protagonismo que le corresponde a la Atención Primaria. Empecemos por recuperar con garantías de calidad laboral los efectivos sanitarios perdidos en los últimos diez años.

         No es mucho pedir.


1 comentario

Rafael Martínez Turpin · 6 agosto, 2020 a las 6:37 pm

En compartir este deseo:
» Una buena señal de que este clamor no cae en saco roto, sería comenzar por abolir de una vez la Ley 15/1997 de Nuevas Formas de Gestión de la Sanidad Pública y aprobar una legislación que blinde la gestión pública de la sanidad.»
Gran idea.

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